Parque nacional de Langtang y lago Gosaikunda

Como el Annapurna me ofreció tanto, no he querido desaprovechar la oportunidad de recorrer otra cadena montañosa del Nepal: el parque nacional de Langtang que tanto retrata Kilian Jornet en sus crónicas.

Gosaikunda summit, Langtang national park

Langtang es un parque nacional a unos 170 km al noroeste de Katmandu que casi roza frontera con el Tibet (bueno, técnicamente, China). Desgraciadamente, el sábado 25 de abril de 2015 esta zona fue duramente castigada por el terremoto que hizo temblar los cimientos de Nepal. Hoy aún se puede ver los desastrosos efectos del fenómeno natural y cómo los locales, con la ayuda incalculable de algún voluntario, intentan retomar la normalidad y reclamar el turismo que tanto merecen.


Igual que en otras ocasiones, me planteo la ruta como otra carrera por etapas, asíque allá vamos!

Después de un odioso autobús (10 horas de baches para hacer 170 km) y una buenísima cena en compañía de un bilbaino y su novia polaca, enciendo el frontal a eso de las 6:00 en el pueblo de Syabru Besi, donde comienzo con unos 30 km a pie con +D 2500 para acabar en 9 horas en la aldea de Kyangin Gompa a 4000 metros aprox. La ruta es una pasada, muy corrible, llena de senderos, bosques con olor a pino y vigilada de cerca por los montes del Tibet, tan cerca de Nepal y tan lejos de la libertad.


Al día siguiente vuelvo a amanecer al alba y me propongo coronar la cima del monte más alto que hasta ahora he alcanzado: el Kyangin Ri a 4604 metros. Salgo con el pantalocito corto y una chaquetilla que me tapa algo de viento. Joder que frío! A 30 minutos del refugio donde he pasado la noche, literalmemte no siento los pies. Cada ráfaga de viento penetra como una puntiaguda aguja en mis gemelos y tengo la verdadera sensación de que la montaña siempre está por encima del hombre, por mucho que nos empeñemos en menospreciarla.

Pero el sol llega, y con él, la sangre a vuelve a bombear mis dedos, que gusto! En escasa hora y media toco cima y, ya más tranquilo y con relativo calor, puedo disfrutar de las pedazo vistas a mi alrededor.


De aquí para abajo, desayuno a base de otro potito parecido a los de mi sobrino Hugo y me tocan unos durísimos 30 km con 3000 metros de desnivel negativo y 500 de positivo de postre para llegar a casa de Dolma en otras 9 horas, una super agradable nepalí que decidió nombrar a su Guest House como “El balcón de la amistad” porque su amigo español, David, se ofreció a ayudar a reconstruirlo tras el terremoto.

Al día siguiente, con las piernas doloridas, hago camino hacia Gosaikunda, un lago sagrado que conocí gracias al libro “La tierra de los Sherpas”, de Ella Maillart, donde se describe el viaje de la autora a éste lago a mitad del S.XX.

Según se cuenta, Gosaikunda es un lago creado por el Dios Shiva, quien después de llegar a la aldea de Laurebina y comprobar el estado de deshidratación de los locales, clavó el tridente en el suelo e hizo brotar el tan esperado agua que salvó a la población cercana al milagro aunque en realidad, creo que el lago es fruto de un par de cascadas que caen de los glaciares de la zona… En cualquier caso, es un lago precioso a 4400 metros digno de disfrutar después de recorrer unos 15 km y +D 2500 metros. 


Juro que esta vez no tenía intención de bañarme, pero un israelita me dijo que si me animaba y, obviamente, no pude decir que no. Asíque ahí que bajamos a pegarnos un baño a 4400 metros. Desconozco la medida exacta, pero os aseguro que el diámetro de mis huevos después de tocar el agua no alcanzaba la uña del dedo meñique, que frío más extremo! En fin, otra tradición cumplida!

Bath in Gosaikunda lake

Gracias al baño disfruto de otro cafe israelita con mis nuevos amigos (turkish coffee lo llaman, tenéis que probarlo!) y deshago camino para dormir en la (según se cuenta) bienaventurada aldea de Laurebina.

Turkish coffee at Gosaikunda lake

Al día siguiente, tras un amanecer de escándalo con el Annapurna, Manaslu y Tibet despertándose, recorro el bosque que me lleva al pueblo de Dunche donde podré coger el autobus hasta Katmandu no sin antes aprovechar para comprar un poco de queso de Yak en la quesería más famosa de Nepal (en realidad lo de Yak es otro tópico porque el queso es de Nak, la mujer del Yak).


Ha sido una experiencia inolvidable por lo distinto y recóndito. Además, el ambiente ultra local ha hecho que pudiera impregnarme aún más en profundidad en la cultura nepalí y corroborar la dureza de la montaña. Es impresionante ver cómo esta gente no pierde la sonrisa con las condiciones en las que viven y después de lo acontecido hace un par de años, supongo que tienen realmente claro lo más importante de la vida: vivir!

Después de estos días, poco me queda en Nepal, intentaré disfrutar de mis últimos momentos en la tierra de los sherpas, nos seguimos leyendo!

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