CUBA

Ernesto Guevara de la Serna, médico argentino más conocido como El Che, en su particular búsqueda del chanclo por sudamérica coincidió por primera vez en julio de 1955 con el autodenominado Comandante en Jefe Fidel Castro (su diario cuenta que dejó la pampa argentina en dos ocasiones para recorrer América del sur y parece que aquí fue donde acrecentaron las ideologías socialistas y nació su espíritu revolucionario).

En este primer encuentro, el Che diría: “creo que simpatizamos mutuamente”.

Y así lo hicieron, ya que poco más de un año después, en diciembre de 1956, ambos combatientes revolucionarios lideraron el desembarco del Granma, evento considerado por el pueblo cubano como punto de inicio de la Revolución y del combate contra el por entonces considerado dictador Fulgencio Batista.

Y de este hito, casi 70 años después, se sigue nutriendo el país. Con pocas alusiones a los aborígenes prehispanos (simplemente se dice que fueron aniquilados en el proceso de conquista y que su cultura ha quedado totalmente condenada al olvido), parece que la historia del país comienza con Jose Martí, poeta y revolucionario que acabó con la última colonia española (digamos que se le puede considerar como creador del popular dicho Más se perdió en Cuba).

Desde hace años la isla estaba en mi radar; mi padre dice que había que venir antes de la muerte de Fidel (tarde), del derrocamiento de su hermano Raul (tarde también), y bueno, siempre antes de que McDonals invadiera las calles cubanas (conseguido!).

La Habana se declara como capital política y turística. Es interesante (y desafiante) pasear sus calles empedradas que acogen música cubana en directo, librerías revolucionarias, tiendas de tabaco y bares con múltiple oferta gastronómica. Lo de desafiante viene por la dificultad no ser interrumpido por algún vendedor ambulante de puros, taxista que te da una vuelta poh la city o cierta señorita que ofrece su fugaz compañía a cambio de unas monedas.

Mr. X (expresamente me pidió no apuntar su nombre), disidente cubano de unos 65 años que ha vuelto a la isla por razones de salud, muestra el otro lado de la revolución. A sus 20 años, después de un tiempo entre rejas por tratar de llegar al exilio, desembarcó en Miami ya que según dice, aquí no había quien comiera (ni viviera). Pero, 40 años después, sus lagrimales acompañan a las palabras que confiesan que algo está cambiando en la isla, ¿quizá el proceso de apertura?

A unas horas de la capital visité Viñales, turístico pueblo campesino donde coincidí con los festejos del Día del Campesino, compartiendo Ron Habana entre caballos, peleas de gallos (literal) y fábricas de tabaco (por cierto, según me cuentan, además de estar obligados a cultivar tabaco, los propietarios de las tierras tienen que (mal)vender el 90% de su producción al estado).

Siguiendo la ruta e indicaciones de Alberto (gracias por los tips!), hice camino hacia la colonial Trinidad, ciudad parecida a Andalucía en toda su esencia cuya vida nocturna se desarrolla en una cueva-discoteca con mucho ambiente y más mojitos. En el centro del país está la poco turística Santa Clara, donde además de visitar los restos del Che (algo así como el madrileño Valle de los Caídos pero al revés) pude mantener, por fin, conversaciones con locales no acostumbrados al turismo de masas.

Y como rasgo que caracteriza Cuba en fotos, aproveché unos días para catar el Atlántico y regar el gaznate con piñas coladas después de alguna carrera a la orilla del mar.

Cuba, un país extraño. Cuenta con dos monedas: el peso nacional y el CUC (para gringos); precios desorbitadamente distintos para locales y turistas; donde el salario máximo estatal alcanza los 60$; salud y educación 100% gratuita (nótese la cursiva por aquello de contar únicamente un lado de la historia); una gastronomía para mi gusto bastante pobre (el menú del día es pollo con arros, o arros con pollo); y una sociedad que en sus adentros parece querer intentar reclamar algo distinto.

Bueno, se acabó, me despedido con una piña colada, un puro en la mano y la mayor de mis tristezas, sabiendo que en unas horas alegrías varias me esperan en casa. No es que no quiera volver pero oye, aquí no se está nada mal!

La Habana, Cuba

See you in da fucking Spain, folks!

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